Malas prácticas contra el medio ambiente

Dentro de las rutinas que conforman el día a día en nuestro hogar, en muchas ocasiones realizamos toda una serie de acciones, bien por despreocupación, bien por desconocimiento, que afectan de forma muy negativa al medio ambiente. Hacer que el mundo sea un lugar mejor, más ecológico y limpio, depende de todos, y cada persona puede aportar su granito de arena eliminando ciertos hábitos que resultan perniciosos.

Uno de los más clásicos es no reciclar. A pesar de que cada vez son más las personas se preocupan por dividir la basura según sea plástico, vidrio, papel u orgánico, lo cierto es que todavía muchos optan por lanzar todos los deshechos al mismo contenedor, sin distinción alguna. Preocuparnos por reciclar es un gesto que no ocupa prácticamente nada de tiempo y que marca la diferencia en cuanto a sostenibilidad. Lo mismo ocurre con emprender otras pequeñas acciones tales como utilizar papel reciclado y solamente imprimir aquellos documentos que resulten imprescindibles, apostando así por la conservación forestal; llevar las pilas gastadas a los contenedores especiales destinados para ello tampoco supone un esfuerzo (los puedes encontrar prácticamente en todos los centros comerciales).

 

El gasto incontrolado de energía en muchos de los electrodomésticos que usamos de manera recurrente en nuestros hogares es otra de las fuentes que tiene efectos muy negativos en nuestro entorno. Por ejemplo, dejas las luces encendidas de forma ininterrumpida, a pesar de ni siquiera estar ocupando la sala en cuestión, supone un despilfarro de energía. Lo mismo sucede con otros aparatos electrónicos, como ordenadores y televisores: apagarlos cuando estén en desuso siempre es la opción más acertada.

 

Otra de las malas prácticas que resultan sumamente perniciosas cuando del hogar se trata es adquirir sistemas de aire acondicionado y de climatización que son de mala calidad y que suponen un impacto medioambiental muy por encima de lo debido (y de lo necesario). Las ventajas de optar por equipos que aporten un buen rendimiento son múltiples: no sólo estaremos abogando por alternativas mucho más sostenibles, sino que también repercutirán muy positivamente en nuestra factura energética gracias a su eficiencia y ahorro. Cuando utilicemos estos equipos, haga frío o calor, es importante regular la temperatura de forma responsable y consciente; no es necesario bajar tanto el termómetro en verano como para que haga falta necesitar chaqueta en el hogar, y lo mismo durante los meses de invierno. También se puede optar por sistemas como la aerotermia, que extraen energía del aire exterior a través de una bomba de calor, siendo muy eficientes a la vez que sostenibles.

 

Entre los malos hábitos más comunes que llevamos a cabo en el hogar, lanzar desechos como toallitas, compresas/tampones o medicamentos por el inodoro tiene efectos medioambientales muy perniciosos, ya que supone destinar una gran cantidad de recursos al saneamiento del agua, lo que conlleva mayores inversiones energéticas y, por ende, daños al ambiente. Abusar del agua embotellada es otra de las acciones que está en nuestra mano corregir: siempre es preferible adquirir garrafas de grandes dimensiones y rellenar las jarras que tengamos en casa en vez de gastar botellas y botellas de 1 litro o similar. Lo mismo sucede con los productos de “usar y tirar”; aunque a veces puedan resultar prácticos, lo cierto es que supone destinar una gran cantidad de recursos en menaje a los que, en realidad, podríamos renunciar si utilizaramos vajillas y cuberterías reutilizables, por poner un ejemplo.

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